yesca
Materia muy seca, comúnmente de trapo quemado, cardo u hongos secos, y preparada de suerte que cualquier chispa prenda en ella."Una noche entre las noches, sin embargo, llegaría el diablo, con su tizona, su loriga y sus calzas de malla, y el centinela, pulso firme, heriría el pedernal con el eslabón hasta prender la yesca y, con ella, la hoguera que, repetida de atalaya en atalaya, no tardaría en alertar a los argos de Talamanca... A pesar de que fueron declaradas en 1983 monumentos histórico-artísticos por real decreto, el único decreto, que rige realmente la suerte de estas atalayuelas es el del olvido". Andrés Campos, "No hay godos en la costa", El País, 19 de julio de 1996.
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