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acólito

Monaguillo que sirve al sacerdote en la iglesia y le ayuda a llevar a cabo las funciones eclesiásticas. Generalmente son niños.

Del latín acolytus, y este del griego ἀκόλουθος, el que sigue o acompaña.

"En realidad, los siniestros causados por el brasero de 62 kilos, que en su vaivén alcanza una velocidad punta de 82 kilómetros por hora, fueron más bien escasos a lo largo de su historia. Sólo están documentados cuatro accidentes, algunos de ellos con descalabrados, pero ninguno con víctimas mortales. El primero, el día de Santiago de 1499: se rompieron las cuatro cadenas que sostienen la naveta del incienso y el botafumeiro salió disparado, aplastándose contra la puerta de Platerías. El segundo siniestro aconteció el 23 de mayo de 1622: el botafumeiro (otro distinto del anterior y también diferente del actual) se vino abajo de repente, en caída vertiginosa, sobre los tiraboleiros. Los otros dos sobresaltos ya los dio en la segunda mitad del siglo XX, aunque no hay constancia escrita. Sólo los guarda en la memoria el tiraboleiro mayor, Armando Raposo, y ya no recuerda las fechas. Una vez, el aparato golpeó a un acólito que bajaba del altar y le fracturó tres costillas. La otra, el bólido, que ya enfilaba el aterrizaje, se le estampó en la cara a un alemán y le rompió la nariz."
Silvia R. Pontevedra, "Un seguro de Año Santo para la Catedral", El País, 10 de julio de 2009.

1 comentario:

  1. Trabajando con la palabra cacumen encontré otra cita para acólito, ahí va:
    "Tan claro como lo fue Julio Anguita y su pinza con Pedro Yihad Ramírez contra los socialistas, para quien, por cierto, Cayo Lara no pide la ilegalización, pero sí para quienes (¿los partidos, los gobiernos?) invadieron Irak, por donde se ve que este acólito carece del cacumen de su maestro de Tréveris, tan listo como para sablear al pobre Engels, empresario de cierto postín, durante toda su vida."
    Julio A. Máñez, "Una de trofeos", El País, 19 de febrero de 2009.

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